Ir al contenido principal

"Navidad". Artículo publicado en el periódico La Opinión de Trujillo el 25 de diciembre de 2013.


Cojo el autobús en lluvioso día, será la melancolía propia de la época. La falta de cada vez mayor número de personas queridas. La ausencia de la palabra compartida y los recuerdos encantados que pueblan mi memoria. Pero no estoy triste. Me siento acompañado dentro de mi ausencia. Pura anfibología, semejante al rigor de estos días.
Pasado ya el ajetreo de las bolitas y el tradicional sorteo navideño, la salud reconforta mientras subo la cremallera de mi cazadora. No hago enjuiciamiento de algún tipo pero los días del pasado vuelven a mi. Cuando la mocedad de los años mozos, valga la redundancia, eran la gran ilusión de las fechas presentes.
Cuando mis padres me llevaban a las oficinas de la compañía Telefónica,  acondicionadas para mostrar los regalos de Reyes para los hijos de los empleados, deja un sabor auténtico y familiar como el olor del café de la mañana, recién levantado. Tiempos inocentes a pesar de las dificultades de la transición española. Pero entrañables al fin y al cabo. Recorro los trazos del barrio infantil y adolescente. Cuando carteros y repartidores de la bombona de butano venían por las casas a recibir su propina. Las fiestas del colegio y la inmensa alegría de partir hacia el lar de nuestra tierra en las Huertas de Animas, cuando abuelo Resti aglutinaba en torno a él a su familia de vástagos. Las calzas ilusorias de la Navidad en la mente de un púber. Compartiendo las aventuras de los niños y de mis perros callejeando por las trochas. Pedir el aguinaldo y que no te recibiesen con un palo largo. Correr con la alegría del villancico y creer en la magia navideña. Las tardes de brasero y los partidos televisados del trofeo de Navidad del Real Madrid de baloncesto. Épicos momentos, engrandecidos por el paso del tiempo. Caminatas por el campo y visitas escondidas a la ciudad medieval de Trujillo. Días de rescate y recogidas escarchas de libertad. Primeras trastadas y vuelta a correr. Recados y horas de comercio, ayudando a mi tío y a mi madre. Minutos de deseos y vuelta al hogar para después escapar. La Navidad era lumbre y calor de risa. Ilusión juvenil de tiempos por hacer. Donde la palabra desencuentro o desencanto no tenían razón de ser.
La idea primera era el impulso de nuestra vitalidad a pesar de la timidez sostenida en el rubor de la presencia. Días breves, claros y exactos en el calendario. Ciertos de la ansiedad del que lo tiene todo por descubrir, siendo cada día una nueva aventura que presta al desconocimiento y al interrogante.
Pasados los años los escollos se multiplican, las familias se fraccionan, la vida te resta personajes y personas entrañables, suma vivencias y nuevas caras que logran el cariño cómplice de algo propio y tuyo como querencia. Dejo atrás la política y la crisis económica o existencial. Me sumerjo en la idea navideña como un encuentro y un retorno a las costumbres. Vuelta a casa era el eslogan y de ahí las fuerzas del mañana. Que estas fechas sean el chocolate caliente y nutritivo que nos alimente. Siendo el consuelo de nuestra falta de aliento. Nuestro avituallamiento a los días que vendrán y el esfuerzo que generarán las luchas cotidianas. Dejemos de lado la impropiedad de la confusión que reina estos días en nuestro mundo y por mor de la fortuna, en el horizonte. Que sean días prolijos en el esmero de la buena voluntad. Abono de futuro por ver.
El frío me muestra el camino del privilegiado calor de hogar. Sonrío distraído, conservo sueños e ilusiones. Me ruborizo aún como el tímido que fui y, creo seguir siendo. Satisfecho y sintiéndome seguro, deseo pasen unos felices días en compañía de los suyos y de los demás. Me despido hasta la semana que viene, disfruten de mi ausencia y, Feliz Navidad.
Por supuesto, les dejo un respiro para olvidar mis desvelos críticos hacia los políticos, la sociedad o lo que haga falta. Pero siempre con buen humor e ironía. Las trazas justas para combatir en este mundo. Esperando a los Reyes Magos para que me trasladen a las Huertas y por ende a Trujillo, para compartir con los míos.


Comentarios

Entradas populares de este blog

“Buen deseo sea otorgado”.

En el silencio de la noche resuenan con alegría los cánticos de mi tierra. Y es ese recuerdo el que hace aflorar el sentimiento de la blanca navidad. Destellos y ráfagas de valores desgastados con el tiempo. Ajados por el desuso y el derrumbe de las buenas intenciones y los actos honestos, humildes consignas de una fe humana resquebrajada en los tiempos de fechas celebradas.  Por ello sana es la intención del buen deseo. Que no sea quimera como fiebre de vil metal. Costumbre cabal y querida la de una ilusión sentida año tras año al privilegio de la amistad sostenida en la vida. Al compromiso vital de hallar la estima y la Salud en carta cabal y en la fortuna dichosa de agradecer y sentir la vida cada día. Porque como la Navidad sea una plegaria constante en el nuevo año que te contempla.  Como diría el Papa Francisco: “No vivamos una fiesta falsa y comercial”. Complicado empeño aunque resuenen los cánticos de Mi Pueblo.  Feliz Navidad. Alma y aullido.   Ja...

Vetado.

Definitivo, no puede ser más claro. Cuando sopesas el hecho y crepitas con un no el oído del receptor, la consigna de enfado y decepción se convierte al instante en un perentorio objetivo sobre tú persona. El desafío es evidente. Pero tanto consentimiento cansa cuando se es presa de un continuo egoísmo que ignora el padecer de la primera persona.  A veces la empatía no debe ser unívoca. Debe constar como una bi dirección de entendimiento. Porque el veto negativo porque si tampoco tiene razón de ser.  15/09/21

"He acallado"

"He acallado" He acallado la aurora de una soledad Mitigando la huida del anochecer Bajo la fuga de la lágrima en el rostro Al recuerdo de los gestos del ayer Silenciado el grito en la pringada  Mojada de los restos del naufragio  Posibilitando el sabor dulzón  Del abrazo de un sufragio  Vinculado al verbo de esperanza Mientras las campanas tañen  El mojado silencio de una despedida  Bajo el gris baldío que improperios dañen Así restañen las palabras olvidadas  Germinen los besos en abrazos De sílabas afirmativas converso De traiciones de los años bisiestos  JaviJerryLee2016 octubre