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"Si hubiera conciliado"

Artículo publicado en el diario la Opinión de Trujillo el 14 de junio de 2014

Notó la repulsión en la bocana de su estómago. El teléfono era un constante suplicio y su vida una pérdida importante. Creyó en las metas del horizonte societario y como un vendaval fue absorbido por las cadenas de la necesidad innecesaria.
Olvidando lo sencillo y esencial, vivió los años primerizos con la ilusión de lo nuevo. Creyó que serían los primeros y nada más. Hasta asentarse en una irreal comodidad. Llegó el efecto 2000 y con él, los atentados de las 'torres gemelas'. Hasta el terror de las bombas del 2011. Quebró amistades y género horas en el vacío de la labor. Vibraron los euros y la conversión del capital.
Surgió la engañifa con el boom inmobiliario y de repente el miedo al abismo se instaló. La crisis estalló y la incertidumbre se adueñó de los futuros quebradizos. Fueron años de recorrido horario y talante estresado. Apenas degustó los motivos. Sus padres murieron y los pañuelos blancos no estaban dispuestos, debido a largas horas de espera entre reunión y reunión, además de los malditos viajes de negocios.
Sus hijos crecieron y crecieron, con ellos su abandono. Negaron su cariño y se alejaron a confines desconocidos. Su amada esposa renunció a su puesto de trabajo por él, como por él desistió de su presencia a cambio de unos pectorales de su fisioterapeuta argentino, derrochando alegremente la pensión otorgada por el infeliz trabajador, posteriormente. A costa de su filosofía de vida.
La lluvia no era de abril pero era de junio. Tormenta insistente que maldecía su estado. Pero no conocía la posibilidad de otro, dramatismo puro su ineptitud. Así pues, lo que unos envidiaron, al final él todo lo envidió porque nada realmente importante le quedo. Bueno si, la soledad de sus lugares, la irritante falta de cariño y todo el tiempo que perdió en conseguir todo este despropósito.
Atravesamos la incertidumbre en campo de reyerta y muchos listos se aprovechan de las debilidades del encadenado. Pero la deriva de las situaciones reales nos hace perder la referencia humana.
Tenemos un verdadero problema en la poca facilidad para conciliar la vida laboral con la familiar y luego pasa lo que pasa. A medida que la sociedad avanza la velocidad material crece y los valores sencillos de lo cotidiano y de lo importante van desapareciendo.
Espero busquen el equilibrio porque la factura puede ser mortal. Les dejo, como siempre, hasta la semana que viene, disfruten de mi ausencia.
Kerouac97@hotmail.com




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