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Tridimensionalidad vital

Tridimensionalidad vital. Artículo publicado en el periódico digital La Opinión de Trujillo el 1 de Septiembre de 2014




El sueño come mi tiempo y espacio. La musa no viene a mi encuentro y me sumerjo en el delirium del que recibe a septiembre con sus ganas de otoño.
Y sin ambages la vida que vuelve a rezumar cotidianidad con el festivo estertor del verano loando y vitoreando a nuestra virgen victoriosa. Recuerdos de agosto, guié a unos amigos de la capital por las calles históricas de nuestra Villa y por el núcleo urbano.
Con el premio de una buena jornada, me sorprendí a mi mismo, creyendo que mi memoria placía dormida, la hallé levantada para la ocasión. Golpes de sucesos y anécdotas de regusto histórico para acompañar el viaje. Chanza y buena pitanza, como merecido premio.

Ahora que se acerca la festividad de nuestra matrona, nada más que un sencillo hecho para recordar el orgullo y alegría de espíritu al recorrer la epidermis de nuestra ciudad.
Conectado al sentimiento y al deleite de compartir un trozo de ti que es tu tierra, mi patria, aunque sólo sea sentimental. Porque las lindes fronterizas no van conmigo y entiendo que el hombre es libre y todo nacionalismo mal entendido coarta cualquier desarrollo o evolución, borrando cualquier empatía y vulnerando la percepción de la comprensión y su discurso social.
Así pues, engalanado estos días por el sabor de mi tierra, me congratulo con su festividad y les doy mi enhorabuena.

Con ello la cuesta de septiembre se hace menos dura, como sí a la subida por la cuesta de la sangre le hubieran quitado unos grados de inclinación haciéndola más liviana. Eso que aprieta y promete ser más caluroso el otoño que se aproxima, dejando a este suave verano con la inquietud del interrogante en la mirada.
La subida al Castillo será una bajada a la narcolepsia de los problemas. Y más de lo mismo: corrupción política bajo la moda de un apellido, en este casó la familia Pujol; la bochornosa e inquietante afrenta de sucesos que con el placido minutero nos acogota las entrañas en forma de pederastia y violencia de género en la intimidad doméstica.
O las guerras dirigidas desde mundo Capital, posibilitando la batalla del marketing y de la publicidad sobre las que más interés mediático susciten. Porque no es lo mismo Palestina que Ucrania o África, por no hablar del temor que suscita entre los pecados de Occidente el Ebola y sus muertes inocentes.
O las cruzadas religiosas que toda humanidad percibe y soporta, feneciendo los inocentes como siempre. O las trabas fronterizas en holocausto de desesperados que saltan, nadan y piensan en promesas mejores.

Pero lo más intenso y cercano, como ese olor inconfundible del café recién hecho es quizás lo que más preocupe. Quizás por su inmediatez y sentido de supervivencia para su protagonista. Aquí es donde el hombre lucha por sí y para sí. El curso comienza y los niños multiplican sus gastos.
El recién repunte laboral se estabilizará o sufrirá una caída, consecuencia de la temporalidad de los puestos creados acorde con la bonanza estival. Impuestos y borrachera de gastos de temporada incrementarán los insomnios y las refriegas nocturnas con la almohada.
Y lo peor para un columnista de tiempo limitado como un servidor es que la musa te deje plantado y se vaya con cualquier pronador o supinador de zancada larga y billetera sin fondo. Y es más, descuidando cualquier interés creativo. Sólo elucubrando para el mal. Evitando la tentación de los fascículos y su afán obligatorio, porque rara vez dicha aventura llega a buen puerto.
Buena intención es disfrutar de La Salve y su enriquecimiento espiritual.
Así pues, que las colecciones  de temporada sean lo más prácticas y menos perjudiciales para la caminata que señala el guión de las marcas comerciales y los grandes almacenes. Porque agujeros en el bolsillo tenemos todos. Lo importante es que la cangrena o gangrena en el alma no acuda a nuestro encuentro. Por eso, buena intención es disfrutar de La Salve y su enriquecimiento espiritual. Invitando a cualquier despistado viajero a pasar por Trujillo y empaparse de su historia, del privilegio de terminar el verano en sus fiestas.

Buen motivo, excusa para regresar con la energía precisa y vivir la tridimensionalidad vital de la que siempre me vanaglorie en nuestra tierra. Los conceptos de amistad, libertad y amor para alcanzar la verdad del disfrute de la vida. Así pues, les dejo, disfruten de mi ausencia mientras busco a mi musa, para poder acompañarles en esta travesía que comienza. Creo que se encuentra entre las calles medievales, tortuosas y estrechas, vericuetos insondables por donde domeñar el instinto creativo y evocador. Espero, seguro, encontrarla en la calle de la Gargüera.

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> Kerouac97@hotmail.com

Foto Helena González Barrado. 

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