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Mi coronavirus

Mi coronavirus. 

De horas intempestivas visto el día con la apariencia de la desgana. Cordel de opaca expresión y rictus rígido, el porte diario es diatriba de inconformismo. Aunque la sistemática complacencia me irrita y mi rostro se muestra con talante de funeral. Los signos de los tiempos faltos de ilusión, son aristas de miedo. Medrando la soberbia al grito de volverán a quemar las iglesias. Asustando y queriendo revertir la situación a través de la confrontación violenta. 

Por si esto fuera poco,  el activismo ya secular de la tendencia exagerada, socava la vida en temor de Coronavirus, sin amortiguar la excentricidad del grito. Demos un reposado trago a la realidad que no nos deja ver. 

En estas cuitas asumo mi desastre cotidiano causado por la desidia social de mis afirmaciones. Del olvido Telefonico que muestro ante el ataque de ansiedad que me produce el móvil a pesar de mostrar el estado de silencio. No es que increpe al interlocutor, si al escribiente de su fobia.  Ejecutada y crecida con el transitar de los años. Del cúmulo de circunstancias que equiparán a un extraño escepticismo sobre cualquier taimada llamada o presagio de quitas destructivas o de problemas por domeñar. Y esa es la corola al virus que me asiste. Rechazó el elogio del tumulto y me encierro en un secuestro de mutismo. Aprovecho al lobo estepario para pergueñar coartada pero el lamento repercute en la sique de mi desconsuelo. Así pasan las horas y lo peor de todo la vida irremediable, con la sensación de pérdida total. De todo lo que me reafirmaba en los tiempos pretéritos. Allá donde quedo la ilusión de la sonrisa revolución. Allá donde el joven de luna nueva repercute en el poema y en los tiempos por hacer. Nadie pensó que sería fácil. Pero nadie soñó tantas desilusiones, ausencias y apáticos estados. 




En madrid a 5 marzo. 2020

Comentarios

  1. «Nadie pensó que sería fácil. Pero nadie soñó tantas desilusiones, ausencias y apáticos estados» y, sin embargo, veo que ha decidido, por el motivo que titula su texto (y que, sin embargo, quizás no inspiró su contenido), ofrecernos en estos días de solitaria cuarentena ilusiones, presencias y enérgicos estados para hacer fácil lo difícil.
    ¡Es usted grande, señor Jerry Lee! Gracias.

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