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Disparo al histrión.

Con las noticias mojadas en la saliva intacta del ansioso momento. Disparos bailaron por la sala con el cascabel resonando, el collar del dólar luce en la casa de empeño del capitalismo sin escrúpulo. Del histrión que se enorgullece de sus bravuconadas. Como ogro que devora inadaptados sin converger en la opinión del que todo lo cree. Del dogma único y de la verdad absoluta que enerva las circunstancias de los que no viven bajo su yugo, de los descreídos que en mueca arrogante quiere disponer de sus antojos. Así tiñan las campanas el ambiente de luto y destiñas su cuero cabelludo de la roja sangre que mancha las conciencias de la humanidad y pervierta el premio nobel de una desleal paz, que arropa de sábanas los cuerpos yertos en las cunetas de la realidad. En el reverso siniestro de un poder irreal. Que el lodo barrunte los pensamientos del histrión y reseque su piel y su verbo. Que se pudra en su lodazal y que la mierda ahogue el ideario corrompido del satánico ego que devora su locuaz rostro. Que emerja olvido en su mente y que su único recuerdo sea amar al prójimo. Que el histrión de un último grito arrepentido y renuncié a la escabechina devastadora y mortuoria del que yerra cada día en su decisión última. Que muera el arrogante y viva el sencillo hombre que cantó libertad.

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