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"Paso de cebra y Cataluña también"

3deoctubre2017De vuelta de mi paseo matutino por el parque con mi perra, nos detuvimos en un paso de cebra. Ante el estupor de los hábitos presenciados y de la poca solidaridad ciudadana con los viandantes, no tuve más remedio que increpar a los cinco coches que habían pasado hasta que el sexto freno en seco. Poco respeto y la solución a destiempo. Pero al menos, se solucionó el entuerto dentro de la legalidad de las normas viales de tráfico. 
Eso mismo creo, está pasando con el problema Catalán, por llamarlo de alguna manera. 
El monarca compadece en los medios con su discurso de unidad más tarde de lo necesario. Espero la reacción sea positiva y apropiada. 
El presidente de gobierno, no sé si estaba esperando a que el flan de los nervios estuviera horneado y bien hecho.  Pero todo ha sido gelatina ante una determinación fallida y una espera, como casi todo en su política. Un dejar pasar el tiempo haber si los problemas se olvidan o caen en saco roto. O quizás surja del caldero la poció…
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"Superviviente como Imelda May"

Despaché el cigarro y, en su última bocanada, como un pálpito se fue la mala persona en la que me convertí esa tarde. Sonreí al disiparme como humo. Aunque me hubiera gustado atrancarle la nariz en un grifo. Tan solo, golpeé su mandíbula con mis nudillos. Cerré el trato así. Me despedí con un breve gesto de mi mano sobre el ala de mi sombrero. Solemne como pude, mantuve a salvo los nervios y me fui, con cierto pavor en mi cuerpo. 
Después vinieron las broncas y la apertura de expediente en La Oficina. Mis superiores me conminaron a no volver a las andadas. Guardé mi vena para mejor ocasión. Pero nadie sabe que calma contemplé. Aunque no queramos, a veces hay que poner a los tipejos, por muy clientes que sean, en su sitio. 
Ella me besó, aunque recriminó mis impulsos. Me sermoneó como buena mujer de propósitos leales y, educadamente, me sedujo con la maestría de una maestra. Acabé en su regazo sorbiendo los sueños de su carne y los polvos de su piel. Acumulé la necesidad de su cuerpo y m…

"Sheryl Crow y el otoño"

Viene otoño preñado e impregnado de consignas. Arrastra la necesidad de la hoja caduca y su envoltorio es suceso baldío. Aleatoriamente la desnudez será la imposición de su peculio y el paisaje sencillo mostrará sus lamentos o pensamientos certeros. Otoño de triste pensar como un blues melancólico. Toma fácil el sentimiento y escapa como la noche que circuncida el día. 
Los ciudadanos serán condenados y el rugir audible de motores será atronador devaluando al silencio. A pesar de, ser nuestra arma de rebeldía. Arderán los propósitos y las cuentas de resultados serán motivo de entredicho. Volverán los látigos de la incapacidad y los verbos serán imperativos. 
Reposo apoyado en su regazo. Desnudos como el otoño mientras Sheryl Crow canta All I wanna do. Tan cierto como los olvidos que se plantean. Humilde el propósito, como difícil de pergeñar su sentido en este mundo de tiburones y brujas de solsticio. Tal y como reza lo único que quiero y deseo es divertirme antes de morir. Una filosofí…

"La noche de Chris Isaak"

Chris Isaak como en las noches de San Francisco y un Whiskey en mano, todavía me hacen conservar cierto encanto y quizás algo del sex-appeal, del que un día guste. Llamemos, ciertamente, el miedo a la palabra feo.  Sea el que nos arrojen entelequias para disfrazar nuestra pose en alguna noche o día acertado por la suerte del albur o la luna cautiva. Como las ideas que sopesan los instantes y, a veces nos ciernen en un por favor inspirado. 
Real como que, en el algún lugar de esta noche estrellada alguien está llorando. No me refiero al adolescente despechado ni al que perdido la valía de su figura materna o paterna en un revés del destino. Simplemente, en las jugadas mal ensayadas de la diatriba diaria. En los impunes que ensucian la carrera laboral del borrego encerrado en un vagón. 
Septiembre llega con el fresco sentimiento de que nada será como antes, una nueva temporada empieza, el hielo se derrite como los sueños que se diluyen. No quisiera maldecir un mañana pero las ruedas del c…

" La vena y su aullido".

Sé que no es bueno que la vena habite en mi cuello. Pero esa intempestiva frecuencia de estupideces en el rostro hacen que mi cabeza se dispare. Con ello se duplican las consecuencias no sopesadas en un cúmulo de malas formas. La esencia del asunto y el trasunto del tema es que mi opinión es válida y muchas veces me asiste la razón pero la vena engreída trasforma mi paciencia y se desboca como un caballo el lobo que llevo dentro. 
Son esos aullidos los que templa con sus caricias ella. 
La última consecuencia del alboroto un desprestigiado filisteo arrostrado por mi empujón gutural. No quiero explayarme más, he vuelto a beber para relajar mi tempestad. Como si Paul Weller me hubiera atizado con sus letras y quisiera adecentarme con una elocuente, efectiva y visible pose mod.  

Retazos de libertad. 4 septiembre 

"He follado"

He follado las palabras que no regale. Envidie a la luna y su Apocalipsis de luz. Neutralice la resaca de alcohol en el tiempo de ausencia y blanco sentir. Ingerir alcohol a tragos no es quizás la mejor solución. 
Ella no dijo nada, simplemente bailo. Se contoneó a través de insinuaciones para fundirnos en un guiño de complicidad. 
La mañana era neblina y el recuerdo de pescadores de ilusos era tan latente como la sensación de espesa saliva que habitaba mi boca. Recuerdo con ironía como le di por culo a través de frases con intencionalidad. Metáforas en estéreo que propiciaron los golpes sobre mi rostro. Pero esa es otra historia. Calamitosa presencia la de su corbata y estampa de Chulo de acrobacia con la taimada esencia del estrafalario estafador. Así la rutina de la ruina del sector servicios seguirá presente. 
Ella duerme con plácida sonrisa y quién sabe si complacida por el acontecer. 
Retazo de libertad 3 septiembre 2017 

"Sigue habiendo tocacojones"

El destino programado en la sien como la obsolescencia programada en los cacharros tecnológicos que nos rodean. 
Enciendo un cigarrillo y recuerdo los olvidos de un pasado que yace en los rincones mentales, con la única esperanza de un futuro donde la salud respete la senectud del escéptico tipo que visto. 
Como si Tom Waits vomitase las palabras de los náufragos de la cuidad sobre mi pensamiento. En este atardecer de perdedores sin rostro cuando los atracadores tocan los cojones a los sueños. La rabia se revuelve en los contenedores de los olvidados. Última vez de la certeza de poniente con la sonrisa encendida me sirvo un whisky frío que atempere mi desesperanza. 
Tom Waits sigue construyendo la realidad que no quieren ver con la tonalidad abrasada de su garganta. 
Ella en algún lado de la ciudad espera. 
Vomito mi locura sobre el pecho de los innumerables tocacojones que reparten su arrogancia e increpan a los demás sin importar las consecuencias de los derivados en salarios de negro y …