Artículo publicado en la Opinión de Trujillo el día 26 de noviembre de 2012
Tanto esfuerzo consentido y el dolor se quedó prendado en la solapa de su corazón. Con arrugas de sufrimiento parió la coraza interior. Silvestre presagio que concluyo con los rayos solares. La ínclita violencia no llamada perseveró en su instante a poco de conocerlo. Creyó ver cambios cíclicos en sus palabras, para la veleta arrumbase en la palabra respeto. Con la querencia del toro hacia chiqueros volvía a repetir su argumento en pose de lágrima.
Un día el fervor de su hijo le hizo ver entre las enredaderas del corazón. Lo justo era marcharse a pesar de los zarzales entre las trochas, aunque el camino estuviera recubierto de rosas marchitas. Ya había dejado numerosas espinas sobre el suelo y el surco de las heridas marcadas.
La mañana primorosa y la ventisca de los pretéritos días le habían hecho ser una mujer fuerte. Procuró la libertad de la brisa fresca y de la sonrisa contagiosa para asimilar su estado, aunque brotes de soledad la hundían en un abismo lacrimógeno, asaltando la conciencia las dudas y el futuro de gigante con traje incierto.
Desterró los eufemismos críticos y los de óptimos impulsos los atrajo para sí.
El germen de un impulso necesario fue una amistad pasada. Varada en el pretérito de una imagen sosegada y calma. El reencuentro fue un latir acompasado de vida, un acicate a su pulso maltrecho. La capacidad iniciática de una nueva figura por ver y sentir. Consiguió desmochar algunas torres enhiestas de miedo y en un arrebato de pasión logró encauzar la mente, enrutando los propósitos con el fin de la risa. El disfrute espiritual y por qué no, alguna nota de banalidad con la que transmitir cierta emoción.
En esta tamaña disquisición y en juego de trampolín, se elevó como ninfa y musa de Adán. Así contempló sus cenizas derretirse en olvido. Adecuó el tono de su voz para enfrentarse a sus miedos antiguos, con la templanza de la voz de una mujer menesterosa contempló la creación de un nuevo ser. Arrugado en la penumbra de una motivación inexistente. La autoestima que olvidó tras la arena de un levante español rescatada entre las salvajes aguas de un remolino no calculado. Así la sirena maceró su esencia. Luce como una estrella fugaz y su verbo es templado de deseo y admiración.
Contempló el nuevo fulgor de una dama abstraída por el desprecio sicológico y violento de cualquier hombre despreciable.
A partir de entonces volvió a sonreír, siendo encantamiento para muchos hombres. Pero ella y solo ella, tenía el poder de elección y que muchos cayeran en la depresión de su negación. Gracias a ese atávico poder nunca más se encontró supeditada ni sometida. Es más encontró a un príncipe azul que le cautivó por lo que era, por ser mujer y humana, esencia de sentimientos, viveza de vida y expresión de alegría.
Por recordar la ley y la algarabía de nuevas tasas impostadas en el desprecio al principio de igualdad, someto con este cuento una reflexión futura. ¿Qué hará el ministro Gallardón?, ¿qué tramará en su gabinete? Yo dejaré el asunto para poder sopesarlo con más calma pero el desasosiego creciente como en relato de Lovecraft acongoja la visión del que huye del terror. Sabiendo que el pánico se va desconectando para sumir en un holocausto de injusticia y acoso al oprimido. Filtrando la ley con la consigna del poderoso. Esgrimiendo de una manera descarada la balanza en favor del dinero, cuanto más tienes, más justo serás. Esa es la consigna del axioma. El nuevo destino que quiere imperar.
Como en el cuento relatado. La misión de la mujer oprimida es la denuncia de su situación injusta per se. La lucha que a todos nos incluye. La negación de la violencia de género como en este caso la denuncia de una vulneración de principios como la que nos quiere endilgar nuestro ministro de justicia. Sirva para remover conciencias y para movilizar al pueblo llano. Como felizmente ha pasado con un hecho que denuncie hace unas semanas en esta columna con el hospital de la Princesa y que, han recapacitado modificando una situación que, bajo mi punto de vista parecía incoherente.
Un día el fervor de su hijo le hizo ver entre las enredaderas del corazón. Lo justo era marcharse a pesar de los zarzales entre las trochas, aunque el camino estuviera recubierto de rosas marchitas. Ya había dejado numerosas espinas sobre el suelo y el surco de las heridas marcadas.
La mañana primorosa y la ventisca de los pretéritos días le habían hecho ser una mujer fuerte. Procuró la libertad de la brisa fresca y de la sonrisa contagiosa para asimilar su estado, aunque brotes de soledad la hundían en un abismo lacrimógeno, asaltando la conciencia las dudas y el futuro de gigante con traje incierto.
Desterró los eufemismos críticos y los de óptimos impulsos los atrajo para sí.
El germen de un impulso necesario fue una amistad pasada. Varada en el pretérito de una imagen sosegada y calma. El reencuentro fue un latir acompasado de vida, un acicate a su pulso maltrecho. La capacidad iniciática de una nueva figura por ver y sentir. Consiguió desmochar algunas torres enhiestas de miedo y en un arrebato de pasión logró encauzar la mente, enrutando los propósitos con el fin de la risa. El disfrute espiritual y por qué no, alguna nota de banalidad con la que transmitir cierta emoción.
En esta tamaña disquisición y en juego de trampolín, se elevó como ninfa y musa de Adán. Así contempló sus cenizas derretirse en olvido. Adecuó el tono de su voz para enfrentarse a sus miedos antiguos, con la templanza de la voz de una mujer menesterosa contempló la creación de un nuevo ser. Arrugado en la penumbra de una motivación inexistente. La autoestima que olvidó tras la arena de un levante español rescatada entre las salvajes aguas de un remolino no calculado. Así la sirena maceró su esencia. Luce como una estrella fugaz y su verbo es templado de deseo y admiración.
Contempló el nuevo fulgor de una dama abstraída por el desprecio sicológico y violento de cualquier hombre despreciable.
A partir de entonces volvió a sonreír, siendo encantamiento para muchos hombres. Pero ella y solo ella, tenía el poder de elección y que muchos cayeran en la depresión de su negación. Gracias a ese atávico poder nunca más se encontró supeditada ni sometida. Es más encontró a un príncipe azul que le cautivó por lo que era, por ser mujer y humana, esencia de sentimientos, viveza de vida y expresión de alegría.

Por recordar la ley y la algarabía de nuevas tasas impostadas en el desprecio al principio de igualdad, someto con este cuento una reflexión futura. ¿Qué hará el ministro Gallardón?, ¿qué tramará en su gabinete? Yo dejaré el asunto para poder sopesarlo con más calma pero el desasosiego creciente como en relato de Lovecraft acongoja la visión del que huye del terror. Sabiendo que el pánico se va desconectando para sumir en un holocausto de injusticia y acoso al oprimido. Filtrando la ley con la consigna del poderoso. Esgrimiendo de una manera descarada la balanza en favor del dinero, cuanto más tienes, más justo serás. Esa es la consigna del axioma. El nuevo destino que quiere imperar.
Como en el cuento relatado. La misión de la mujer oprimida es la denuncia de su situación injusta per se. La lucha que a todos nos incluye. La negación de la violencia de género como en este caso la denuncia de una vulneración de principios como la que nos quiere endilgar nuestro ministro de justicia. Sirva para remover conciencias y para movilizar al pueblo llano. Como felizmente ha pasado con un hecho que denuncie hace unas semanas en esta columna con el hospital de la Princesa y que, han recapacitado modificando una situación que, bajo mi punto de vista parecía incoherente.
No les desconcierto más, espero sopesen mis cuitas y valoren la realidad de sus vidas y la de sus gestores. Hasta la semana que viene. Disfruten de mi ausencia.
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