Ir al contenido principal

"Epitafio confeso"



Becker dijo que lo ideal sería vivir la poesía. Por su parte Bradbuty pensó que la literatura había que vivirla. Y pienso que ambos tenían razón. Tanto como vivir en la carne del rock and roll. Adivinar el camino en la desnudez del arte. De una manera jubilosa vivir y contemplar la experimentación de los estados de ánimo. Sentirlos. Transmitirlos con el encanto romántico de la literatura y la música. Adaptaciones a la vida para sorprenderla y trasmitir la ilusión que nos brinda. La contemplación experimentalista. El miedo latente fluido éter de caldo de cultivo. El futuro vendrá con cariz de novela. Serás protagonista y mentor de tu ego. A pesar de cualquier trasfondo porque el poema será la ayuda de tu verso y el epíteto que mejor convendría para asegurar la marcha y continuar las andanzas. Meditando el relato e improvisando el camino en chanza de personaje. Evitando las prohibiciones. Minorando las condiciones peyorativas. Y creer en el único fin que es la vida. Con sustancia de noche, con libertad oscura y con dicha vital del claro dia. Esa es la única meta: vivir. Degustar los instantes y acariciar los momentos como el que escribe un fragmento y así se completa la vida con tu mejor lección en el libro de tu historia. En los poemas fugaces que dieron consistencia a tu epitafio. En la música que acompaña los estados anímicos que pueblan tu espíritu y como cables neurológicos enrollan tu libro y te hacen ser la persona sobre la que escribes cada día.
Mientras que un epitafio crece ahora con más fuerza cada día. A lo mejor en otro capítulo será otro. Pero este es el que le da forma. "He querido reírme de la vida hasta que la muerte se ha reído de mi. Y aquí yazco con mi cara mustia entre relojes de polvo. Ceniza de vida en lazos de muerte "

Comentarios

Entradas populares de este blog

"La noche de Chris Isaak"

Chris Isaak como en las noches de San Francisco y un Whiskey en mano, todavía me hacen conservar cierto encanto y quizás algo del sex-appeal, del que un día guste. Llamemos, ciertamente, el miedo a la palabra feo.  Sea el que nos arrojen entelequias para disfrazar nuestra pose en alguna noche o día acertado por la suerte del albur o la luna cautiva. Como las ideas que sopesan los instantes y, a veces nos ciernen en un por favor inspirado. 
Real como que, en el algún lugar de esta noche estrellada alguien está llorando. No me refiero al adolescente despechado ni al que perdido la valía de su figura materna o paterna en un revés del destino. Simplemente, en las jugadas mal ensayadas de la diatriba diaria. En los impunes que ensucian la carrera laboral del borrego encerrado en un vagón. 
Septiembre llega con el fresco sentimiento de que nada será como antes, una nueva temporada empieza, el hielo se derrite como los sueños que se diluyen. No quisiera maldecir un mañana pero las ruedas del c…

"Sigue habiendo tocacojones"

El destino programado en la sien como la obsolescencia programada en los cacharros tecnológicos que nos rodean. 
Enciendo un cigarrillo y recuerdo los olvidos de un pasado que yace en los rincones mentales, con la única esperanza de un futuro donde la salud respete la senectud del escéptico tipo que visto. 
Como si Tom Waits vomitase las palabras de los náufragos de la cuidad sobre mi pensamiento. En este atardecer de perdedores sin rostro cuando los atracadores tocan los cojones a los sueños. La rabia se revuelve en los contenedores de los olvidados. Última vez de la certeza de poniente con la sonrisa encendida me sirvo un whisky frío que atempere mi desesperanza. 
Tom Waits sigue construyendo la realidad que no quieren ver con la tonalidad abrasada de su garganta. 
Ella en algún lado de la ciudad espera. 
Vomito mi locura sobre el pecho de los innumerables tocacojones que reparten su arrogancia e increpan a los demás sin importar las consecuencias de los derivados en salarios de negro y …

"Paso de cebra y Cataluña también"

3deoctubre2017De vuelta de mi paseo matutino por el parque con mi perra, nos detuvimos en un paso de cebra. Ante el estupor de los hábitos presenciados y de la poca solidaridad ciudadana con los viandantes, no tuve más remedio que increpar a los cinco coches que habían pasado hasta que el sexto freno en seco. Poco respeto y la solución a destiempo. Pero al menos, se solucionó el entuerto dentro de la legalidad de las normas viales de tráfico. 
Eso mismo creo, está pasando con el problema Catalán, por llamarlo de alguna manera. 
El monarca compadece en los medios con su discurso de unidad más tarde de lo necesario. Espero la reacción sea positiva y apropiada. 
El presidente de gobierno, no sé si estaba esperando a que el flan de los nervios estuviera horneado y bien hecho.  Pero todo ha sido gelatina ante una determinación fallida y una espera, como casi todo en su política. Un dejar pasar el tiempo haber si los problemas se olvidan o caen en saco roto. O quizás surja del caldero la poció…