Trasquilaban las noches



Artículo publicado en el Periódico Digital La Opinión de Trujillo.
28/12/2012 -


Trasquilaban las noches el espanto del miedo. Las hogueras encendidas y los encapuchados burlando la raza en la hoguera de las vanidades.
Germinaron los embustes y las exageraciones de raza. La copla era reverso de condena. Perseguidos por su estatus las diferencias se atisbaban insalvables. En retroceso de años y en ciclo de siglos la sociedad era marcada a fuego vivo en la piel. El sello del estigma y de la crueldad era equiparable al destino de los que sobrevivían. Fuera de cualquier peligro que pudiera precipitar la derrota de sus existencias. Los detalles financieros fueron la pedrada en el ojo y el hurto sin culpa de la razón de los poderosos. Rompieron el labio en sangre de sudor y lágrimas. Las pupilas violentaron la realidad y el espectro cruel era la apreciación de un destino no deseado ni tan siquiera presentido.


Un tequila de vida y una risa de capítulo impreso son alternativas a las que ceñir el guión de una vida sin esperanza. Lástima precipitada en la sinrazón de los ansiosos. El hombre a pie de calle se protege de la lluvia encalando su sombrero. Mientras los bolsillos rotos no generan el equilibrio de las pérdidas y las culpas se evaporan o se pierden en unas cortas vacaciones entre rejas.
Los vivos sorprenden a los muertos rezando por la caridad de sus almas. En frase copiosa ruegan por la esencia de la sencillez. Porque el sarcasmo no sea condena en el rostro del inocente. Y las estafas no sean la recolección perpetua en las manos del indolente y el ansioso.
Los asesinos no vulneren las ganas de los luchadores. Que con su pulso frágil sean motivó de disgusto en la voz del parlamentario. La mente discursó de un nuevo amanecer en la palabra del dirigente. Que los pasos no sean en balde en la papeleta ilusoria del votante. Cliente estéril del negocio del territorio. Pusilánime valedor de las dietas de los corruptos. Pronombre invisible de los deseos del poderoso. Artículo olvidable en la consentida palabra de un periódico.
Que no callen las conciencias de un pueblo. Que no vulneren con sus sílabas de reafirmación la legalidad de un sinsentido. No olviden los manifiestos de condena y la conciencia de los que no la tienen.
Sirva con estas palabras mi presencia. Y ahora sí, hasta la semana que viene disfruten de mi ausencia.

Kerouac97@hotmail.com

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