Artículo publicado en el diario digital La Opinión de Trujillo el 21 de enero de 2013
Es tal el revuelo que las aves no terminan de encontrar su nido. Su vuelo ávido es consecuencia del despropósito y de la ausencia de un control para que los males endémicos no se extiendan. Es la corrupción una mancha de polución en términos absolutos que el político nace con ella y le da su peculiar visión como algo natural y así las aves busquen con afán donde nidificar.
El proceso de desconfianza crece a marchas forzadas e impuestas por sacudidas de realidad con la sorpresa cada vez menos vestida. Pero, el sombrero de capirote cada vez más grande. En este combate cuerpo a cuerpo de políticos, para ver cuál es el que obtiene el honor de ser el mayor de los embusteros. El oprobio desmesurado hacia el pueblo español es cada vez más irritante. Atisbándose un pesimismo derivando al ciudadano de a pie a cada vez mayores dosis de descreimiento. Ahora, sacudidos por el tema Bárcenas la inquietud es vestidura de mi mente. ¿Qué cantidad de ocultos refranes y sentencias nos tienen reservados?, tanto unos como otros. Pero, no quiero adentrarme en este asunto hasta que los lances del juego judicial y político realicen algún paso que nos aclare términos.
Lo que trasciende en este maremágnum es que el que más y el que menos quiere solapar la verdad y hacer trampas. En este caso me refiero al vecino que se escapa del principio de solidaridad y se escaquea de sus obligaciones para con sus propios vecinos. No me sirve el manido, "si los políticos lo hacen yo también", en un tema de tan calado como el impuesto sobre bienes inmuebles.
La noticia a la que me refiero, la pude leer en este periódico digital y no pude aguantar la diatriba de escribir estas líneas. Reflejaba una cantidad que, para mi mentalidad ingenua, se me hacia muy alta sobre inmuebles no registrados en el catastro. Aproximadamente un millar. Para lo cual, el ayuntamiento quiere realizar una revisión lógica sobre el mismo, lógica decisión ya que por ahí se escapan muchas monedas en los bolsillos rotos de nuestro ayuntamiento y que, agradecerá cualquier remiendo y más, si no tiene que inventar nuevos impuestos, existiendo este yacimiento inexplorado y ahora ignoto de futuribles conversiones.
Como bien sabe mi querido lector, el IBI es un impuesto enmarcado dentro del sistema tributario español. Siendo una exacción obligatoria por los ayuntamientos que grava la titularidad dominial y otros derechos reales que recaigan sobre bienes inmuebles localizados en el municipio que recauda el tributo. En este caso nuestro querido Trujillo, aunque no por todos, por dichas acciones omitidas desde hace lustros al menos para llegar a la cantidad de la que hablamos.
Pues bien, en este reflejo de impunidad local que, durante años ha transitado por el suelo del berrocal, las voces de los vecinos que ocultan su bien no tienen ya derecho de queja. Y no la tienen, independientemente de sus ideas políticas, al igual que, indiferente es quien ocupe la alcaldía, porque falsearon realidades. Ya que han traicionado la viabilidad de su morada y a los vecinos y ciudadanos que si pagamos, condicionados por la anualidad de este impuesto.
Ellos que conculcaron las leyes precisas para la convivencia de un municipio. No sólo vulneran el principio de confianza. También los de proporcionalidad y solidaridad de mayor gravedad al sumarlos en su conjunto. Por eso no merecen la atención sus opiniones cuando no ejercen como contribuyentes a mitigar los desajustes y pagos del ayuntamiento en el que viven, pacen, moran, comen, aman, sienten, comparten y yacen.
Otra cuestión que, no por ello baladí, es si la cantidad gravada es acorde o desmesurada. Que sí, de unos años a esta parte el incremento del gravamen ha sido insultante. De saber, sí la gestión del ayuntamiento de esa cantidad ha sido adecuada o no. Quizás, sí todas estas propiedades hubieran sido consensuadas por el catastro no se hubiera disparado tal impuesto y hubieran beneficiado al desarrollo de la Muy Leal y Noble Ciudad. O quizás, se habrían incrementado las posesiones de unos cuantos. Estas cuestiones son supletorias, pero no impiden que, el ciudadano cumpla con sus obligaciones tributarias Es más, siendo muchos de ellos los que luego piden exenciones y justicias subvencionadas. Si no cumplimos nuestras obligaciones no podremos reclamar ciertos derechos, creo entender.
Por otro lado ya que, el principio de confianza se ha vulnerado pienso en el ineficaz control que se ha realizado por la administración local. Así qué, si no damos el ejemplo adecuado no me extraña que las aves vean lógico su erróneo vuelo, porque las circunstancias con las que han crecido y los principios rectores con los que han volado han sido esos. Naturales para ellas dentro de su ilógico planear.
Así pues, me despido vecinos. Espero que a los infractores se les haya removido la conciencia y a los ignorantes les haya abierto la posibilidad de ir al catastro y ponerse al día. No les canso más porque no quiero ser conciencia de nadie y menos con la que está cayendo. Disfruten de mi ausencia una semana más.
En el silencio de la noche resuenan con alegría los cánticos de mi tierra. Y es ese recuerdo el que hace aflorar el sentimiento de la blanca navidad. Destellos y ráfagas de valores desgastados con el tiempo. Ajados por el desuso y el derrumbe de las buenas intenciones y los actos honestos, humildes consignas de una fe humana resquebrajada en los tiempos de fechas celebradas. Por ello sana es la intención del buen deseo. Que no sea quimera como fiebre de vil metal. Costumbre cabal y querida la de una ilusión sentida año tras año al privilegio de la amistad sostenida en la vida. Al compromiso vital de hallar la estima y la Salud en carta cabal y en la fortuna dichosa de agradecer y sentir la vida cada día. Porque como la Navidad sea una plegaria constante en el nuevo año que te contempla. Como diría el Papa Francisco: “No vivamos una fiesta falsa y comercial”. Complicado empeño aunque resuenen los cánticos de Mi Pueblo. Feliz Navidad. Alma y aullido. Ja...
Comentarios
Publicar un comentario