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"Jerusalén sitiado"

Jerusalén sitiado y las llamaradas golpeando los templos de Dios. Mi pena se encharca y los negros nubarrones se asientan de nuevo en mi palmo. Horizonte oscuro que asestas los golpes más crueles a los más indefensos. Es eterna la condena. La vida es el limbo predicado y luego repudiado. Es la inexistencia a cambio de convertir a los infieles. La injusta causa de la luz muestra el efecto negativo. Mi duelo vuelve y la debilidad del inocente yace en tiempo finito. Ahora es la espera final que reprocha el reproche del buen creyente. Es tan injusta la vida que las tasas impuestas son tan inmorales como frustrante su comprensión. El desespero se acrecienta en noche de luna creciente. Mi voz quiebra. Mis aullidos rotos, solo consuelan los minutos añorados. Como sortilegio que lanza vibraciones de positiva energía. Queriendo variar la realidad negra que asesta de un golpe la raíz quebrada. Y las horas son condena de una espera vaciada. La Fe será acto y fuerza de vida. El abrazo único del miedo que reconforta y da valor.



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