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Desahucio

Artículo publicado en el periódico digital La Opinión de Trujillo el 19 de Mar de 2013 Ahora que atravesamos tiempos convulsos y la posibilidad de la dación en pago es germen de esperanza. Cuando las sinrazones son causas que hacen pensar, el lado acorde más humano debe tender a su apreciación, aunque la cautela debe ser moneda de cambio, sino los truhanes y pícaros se pueden aprovechar de las migajas de los desdichados. He recibido en estos días a través de diversos medios, como son mi correo electrónico, mi blog y mi facebook, peticiones al compás de los desalojos acerca de la mezquindad de las leyes hipotecarias y el negocio de los pisos hipotecados, la redacción de una serie de líneas que refleje el drama que vivimos. Por ello, además de complacer a mis queridos lectores, reviso un aspecto que quizás no se trata en exceso en los medios de comunicación. Ella apartó la vanidad con el nombre de su hombre y le besó. La relectura de su noche fue imán de estrellas en su boca. Con el insomnio de la voz en la plañidera de la alborada, se encaminaron en noche de alcoba a un viaje compartido. El relincho de las horas fue plegaria de amor. Su voz en cursiva se despeñó en la actitud de un orgasmo. Con la negrita letra en abrazo remarcaron la palabra afecto. Las horas alcanzaron el día y los cuerpos cansados subrayaron la frase del descanso. Búsqueda reciente de almohada y persiana baja. Con la consigna del silencio y la muda presencia de los rostros en verdad de sueños se dejaron hacer. Los minutos trenzados bajo la frase rompedora de un Quique González rematando los destinos bajo los vestidos de los altavoces. "Ya están aquí para cubrir el expediente los presidentes de la desesperación". Menudo trago desparramado en una querencia de olvido y desamparo. Instantes que se perdían en la conciencia de su abrazo. El último abrazo de la semana en compartido reproche. La gente no se permitía los rayos fabulosos del amor y la congoja de la desesperación era indudablemente más constante que cualquier rayo de esperanza. Agonizaban en asfalto por todos lados los conceptos por palabras vagas e imprecisas. La noche preñada de zombis y las ilusiones disipadas eran la conciencia derramada de los perseguidos por el sistema. Ardua labor la que paria la calle ardiendo. Ellos bailaban en su silencio. Tenían que decirlo en su frondoso delirio. Se amaban con el verso sostenido en su poema y la realidad social su olvido. En el delirio cotidiano consumaban su pena por los derrotados en el crepitar de la condena. Otro hogar fumigado con el asunto del desahucio en aras de la equidad. O de los intereses de partido por la estadística del banco que no quiere perder y demoniza los cadáveres que deja a su paso, como gigante cyborg condenado al mandato de los valores sostenidos en la bolsa de un sistema detentado por las personas que reparten condenas y dirigen los designios de la ciudad y del estado capital del que comienzan a denostar su anterior invento llamado “Estado del Bienestar”. Aunque seguro, las causas sean múltiplos de millar. Se abrazaron con el terror en vena equiparándose a los desheredados que bucle de tiempo se repiten en constante escarnio de expediente maldito. Se abrazaron con la fuerza de sus conciencias queriendo olvidar las miradas intensas de los inocentes. En un punto silencioso silenciaron su mudo miedo y en boca cerrada el olvido exculparía los reproches de un lunes. Cuántas almas que desterrar de la dignidad de los sueños de hogar. Canto de calor vencido en alcobas liberadas. Sed de cuerpo en materia pretendida de deuda. Venda inútil de ojos ciegos. Sentirse ojos marchitos que no miran, que no observan la cruda realidad de los visillos íntimos de la mañana y de los problemas que vendrán; que el acicate constitucional son unos renglones torcidos que sólo velan los intereses de los poderosos que engendran política, injusticia y economía. Mañana volverán los expedientes a su despacho. Será el desahucio de su amor. Como siempre, esperando que no les desahucien por nada en sus vidas, me despido con el desahucio desterrado y conminando a que disfruten de mi ausencia hasta la semana que viene.

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