Ir al contenido principal

Desesperado chantaje emocional

Publicado en el diario digital La Opinión de Trujillo el día 04 de Junio de 2013

"Regocijaos jóvenes en vuestra juventud".
Eclesiastés
Como de un extraño sueño, se despertó con la frase penetrando en sus entrañas. El crédito a su visión era escaso, pero la sensación le parecía tan vivida y fresca que remontaba los años; rasgaba las vestiduras del tiempo.
Tanto el espacio como el lugar vestían de una manera tan peculiar que eran un remitente del pasado abandonando los fastos de la residencia hacía donde los últimos pasos de su vida le habían dirigido, aconsejado por su único hijo, por el bien suyo, más bien creo yo, de todos, por decir algo, en esas decisiones tan trascendentales.
Manuel, hombre de voluntario recuerdo y sonrisa franca, atisbó las muletas apoyadas en la pared al lado de la mesita de noche. No daba crédito a lo que estaba viviendo. La habitación donde convivió con amor y vehemencia con su adorada Magdalena, permanecía como la recordaba años atrás. No se explicaba cómo había dado de nuevo con sus huesos en la alcoba matrimonial. El efecto boomerang de los años le habían sumergido en un dulce sueño de hermosos recuerdos.
Él, que creía que la reseca muerte le sorprendería sin haber hecho lo suficiente, olvidado en las paredes de la residencia donde su hijo le dejó, a cambio de visitas esporádicas, distanciadas en el tiempo a causa de embustes y excusas que sólo cuadraban en la mente del impostor. Pero Manuel, en gesto de despiste y ausencia le decía: “Sí hijo, no te preocupes y resuelve tus asuntos. Yo estaré bien”.
Unas melodías inolvidables le recorrían el sudor de su frente y los tímpanos en ritmo constante. Volvía a revivir por una emocionante ensoñación una de las melodías del Maestro Algueró. Era la visita inesperada. ¡Cuántas veces con su Magdalena habían bailado por el salón y tarareado los coros que cantaban el trío “La Ra La”, según el dictamen de su recuerdo, aunque no estaba muy seguro del nombre del trío de chicas que acompañaban las melodías compuestas por Alguero. Quizás fuesen “La La La”, pero eso ahora no importaba.
Se levantó con el nervio comiéndole las entrañas, cogió las muletas y abrió la puerta de la habitación.
Realmente estaba en su casa. No podía creerlo. No atisbaba las razones de un mito. El elefante que marcha camino al cementerio no regresa jamás. Él, en cambio, si había regresado de dónde nunca quiso marchar.
Se paró junto al salón enfrente del gran espejo donde en los años 80 se divertía viendo a su hijo realizando cualquier baile. Como el día que vio en el programa de televisión Tocata, al cantante de ascendencia francesa Patrick Hernández con su "nacido para estar vivo", 'hit' discotequero allá en los años mozos de su chaval.
Rememoró inmediatamente el día en que su vástago le hizo una exhibición, antes de irse con sus amigos a la discoteca. ¡Qué orgullosa estaba su madre de la criatura! ¡Cuánto se querían todos!
 Sintió rejuvenecer, pero en el fondo de su alma no comprendía las razones de este sueño.
Recordó las primeras películas que vio en su vieja televisión en blanco y negro. Toda la familia y algún pariente, vecino o amigo junto a ellos, unidos a través de la pantalla y una buena cena cocinada por la buena de Magdalena. Como la tarde que vieron "La ciudad no es para mí". A Manuel, le saltaron las lágrimas sólo de pensarlo. Esos momentos eran la felicidad en su rostro. Sintió rejuvenecer, pero en el fondo de su alma no comprendía las razones de este sueño. Quizás, estuviera muerto y era la última voluntad del difunto antes de ir a reunirse con su amada.
Contrariado y sorprendido siguió ensimismado en sus pensamientos tan enrevesados.
- Hola papá. ¿Has dormido bien?
Le devolvió de golpe a la realidad. Su hijo que, hacia meses no sabía de su existencia. El hijo único en el que volcaron las ilusiones de su esfuerzo y de sus cuidados. La voz casi olvidada de su heredero.
- Hola hijo. ¿Cómo que estamos juntos, aquí en mi casa?
Su hijo aferrándose al consuelo del chantaje psicológico le explicó que le extrañaba, que sería mejor estar toda la familia junta para disfrutar de sus nietos. Que vivirían juntos y ellos le cuidarían. A lo que Manuel acepto con una mueca de felicidad. Pero, no comprendía porqué en su casa y no en la de ellos.
El hijo de Manuel le respondió que la casa que tenían la habían alquilado, debido a unas deudas que apremiaban. También, le sugirió que el dinero que ya no recibirían en la residencia lo emplease para los gastos de la familia. Manuel se encogió de hombros. Cercado en la trampa no tenía escapatoria. Su pensión no le serviría para huir de todo aquello. Sus nietos le necesitaban. Sabía que las cosas no iban bien.
Después de varias semanas juntos, Manuel se entretuvo en el desagradable juego de ser asaltado por la verdad. Su hijo, perdió la casa una vez que perdió su trabajo. Llevaba casi dos años en paro y todo se vino abajo. El azote de humildad y la vara de medir el despilfarro había quebrado. Quebraron como el país que les hipnotizó en espejismo de superhombres del consumo. Y ahora, su hijo, camino de los cincuenta años, volvía al redil paterno, con una mujer de profesión sus labores y dos nietos de una extraña generación llamada "nini".
Manuel, a pesar de su disgusto, de saberse utilizado, de recibir el cariño de los suyos de una manera egoísta cuando él lo dio todo por ellos y lo volvería a hacer. Por eso, esa mueca diaria de sonrisa sarcástica sobrevolando las paredes ochenteras de su hogar. La victoria a pesar del sacrificio era la ilusión del mañana, consiguiendo rejuvenecer y quitarse años de encima sintiéndose útil, tanto a él como a los suyos.
Nunca necesitó echar en cara nada. Su familia no tenía otra opción y su sustento conseguía el cariño y la atención que años atrás no visitaban su casa. Volviendo a ser una unidad con el recuerdo de Magdalena. Manuel volvía a creer. Disfrutaría de los suyos hasta que las puertas del horizonte se abrieran en el presente.
Esta es, queridos lectores, la situación que encaran muchos ancianos abandonados. Está claro que el tiempo pone a todos en su sitio. Lo bueno de la crisis son las lecciones humanas que nos muestran.
Espero que aprendan la moraleja y no necesiten que su desesperación sea el beneplácito del cariño a sus mayores. Me despido hasta la semana que viene, con la sana intención de romper todos los folletos de propagandas de los centros y residencias para el cuidado de sus mayores.
Espero que hagan ustedes lo mismo. Disfruten de mi ausencia 

Comentarios

Entradas populares de este blog

"La noche de Chris Isaak"

Chris Isaak como en las noches de San Francisco y un Whiskey en mano, todavía me hacen conservar cierto encanto y quizás algo del sex-appeal, del que un día guste. Llamemos, ciertamente, el miedo a la palabra feo.  Sea el que nos arrojen entelequias para disfrazar nuestra pose en alguna noche o día acertado por la suerte del albur o la luna cautiva. Como las ideas que sopesan los instantes y, a veces nos ciernen en un por favor inspirado. 
Real como que, en el algún lugar de esta noche estrellada alguien está llorando. No me refiero al adolescente despechado ni al que perdido la valía de su figura materna o paterna en un revés del destino. Simplemente, en las jugadas mal ensayadas de la diatriba diaria. En los impunes que ensucian la carrera laboral del borrego encerrado en un vagón. 
Septiembre llega con el fresco sentimiento de que nada será como antes, una nueva temporada empieza, el hielo se derrite como los sueños que se diluyen. No quisiera maldecir un mañana pero las ruedas del c…

"Sigue habiendo tocacojones"

El destino programado en la sien como la obsolescencia programada en los cacharros tecnológicos que nos rodean. 
Enciendo un cigarrillo y recuerdo los olvidos de un pasado que yace en los rincones mentales, con la única esperanza de un futuro donde la salud respete la senectud del escéptico tipo que visto. 
Como si Tom Waits vomitase las palabras de los náufragos de la cuidad sobre mi pensamiento. En este atardecer de perdedores sin rostro cuando los atracadores tocan los cojones a los sueños. La rabia se revuelve en los contenedores de los olvidados. Última vez de la certeza de poniente con la sonrisa encendida me sirvo un whisky frío que atempere mi desesperanza. 
Tom Waits sigue construyendo la realidad que no quieren ver con la tonalidad abrasada de su garganta. 
Ella en algún lado de la ciudad espera. 
Vomito mi locura sobre el pecho de los innumerables tocacojones que reparten su arrogancia e increpan a los demás sin importar las consecuencias de los derivados en salarios de negro y …

"Paso de cebra y Cataluña también"

3deoctubre2017De vuelta de mi paseo matutino por el parque con mi perra, nos detuvimos en un paso de cebra. Ante el estupor de los hábitos presenciados y de la poca solidaridad ciudadana con los viandantes, no tuve más remedio que increpar a los cinco coches que habían pasado hasta que el sexto freno en seco. Poco respeto y la solución a destiempo. Pero al menos, se solucionó el entuerto dentro de la legalidad de las normas viales de tráfico. 
Eso mismo creo, está pasando con el problema Catalán, por llamarlo de alguna manera. 
El monarca compadece en los medios con su discurso de unidad más tarde de lo necesario. Espero la reacción sea positiva y apropiada. 
El presidente de gobierno, no sé si estaba esperando a que el flan de los nervios estuviera horneado y bien hecho.  Pero todo ha sido gelatina ante una determinación fallida y una espera, como casi todo en su política. Un dejar pasar el tiempo haber si los problemas se olvidan o caen en saco roto. O quizás surja del caldero la poció…