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Artículo publicado en el periódico digital de Trujillo el| 26 de Junio de 2013
La bruma disipada y el olor a nausea desprendido era sensación pasada. Primer día de verano y los rayos de sol lucían en su piel. Verano de crisis estampado en piel de toro y esencia de tinto, de corrupto en ansias de futuro, de mejor presente.
Recordaba con un mal gesto la situación vivida, nítida presencia de la impotencia en su reclamo. La rabia era golpe de violencia como una faca asestando la desnudez de la carne. Con la consecuencia descarnada de un robo insensible, de guante blanco, con efectivas palabras y frases de cortesana impúber al oído de un halago. Ella con su confiada razón cayó en la mísera y ruin trampa de finanzas atrapadas en su vocablo de esperanza.
Meses después, auspiciada en el consejo filial se percató del craso error. Mal fario el mensaje en su rostro. El timo del almendruco a la ignorancia sostenida por el sabio mensaje del pretendido profesional, y la mueca de verbo iluso en la pretensión de su acto de ahorradora.
Hasta el entrañable “Pobre Tahúr” de la canción del mismo título del grupo de mis anhelos “La Frontera”, tenía más estilo y clase que el truhán, non grato y sin escrúpulos, que atendió a la pretensión de un depósito a plazo fijo, por un tiempo determinado para añadir los intereses a la pensión de una persona viuda. A lo que el caradura temeroso de la presión bancaria y granjeado de la ansiedad del poderoso, endoso unas participaciones preferentes en la conciencia de su ego. No importaba la víctima sino el montante de la operación. Su perfil bajo no era vital y su 'pepito grillo' particular le había destinado a unas inmerecidas vacaciones en Punta Cana. Por eso, el desalmado no tuvo remordimiento al poner la banda de "pringado preferente" al nuevo ser confiado
Podrían haber surgido ciertas dosis de violencia ante la frustración y el fraude del engaño cometido que creía en su palabra.
Comenzó pues, un periodo de consultas y encuentros. La política del banco no permitía ningún movimiento hasta que Europa o el Gobierno se pronunciaran al respecto. Eso si inteligentemente la plantilla de la sucursal sufrió una variación notable. Los tipos sin escrúpulos se habían permutado por los que parecían profesionales, al menos, demostraban cierta preocupación en el asunto. Entendiendo que el malestar generalizado se atenuase al no seguir los mismos trabajadores. Un acierto, ya que podrían haber surgido ciertas dosis de violencia ante la frustración y el fraude del engaño cometido, desamparo de inocentes en crepúsculo de finanzas e inversiones a costa de los ahorros de los mayores y pensionistas.
Invariable el tiempo siguió aguardando hasta que se dio paso a un periodo de consultas y estudio por parte de una agencia de mediación. Siempre con reservas ante lo evidente, solicitaron el estudio. Alegaron lo obvio. No necesitaban resaltar con alharacas lo sencillo del presunto fraude. El perfil, el motivo y el fin eran agua clara independientemente del cristalino que lo observara. Pero el escepticismo había sido tan inmenso que el optimismo era niño medroso en la visión de una película de terror en noche de luna llena.
Pasaron los días y el asunto se adormeció debido a que era ingente la cantidad de casos y expedientes presentados pendientes de resolución. La mañana que cambió la gris primavera la lluvia de su desconsuelo y marchó, llegó verano escéptico de ilusión venidera. Con el brote de una llamada con el rayo de sol primero. Ella sobresaltó su bostezo pero la noticia fue una mueca de satisfacción instantánea. La agencia de mediación había dado la razón a la queja planteada. Esa misma mañana ella y su hijo fueron a la agencia bancaria para ver el montante económico que les ofrecían. Después de los lógicos preámbulos y de dar un cariz formalista al asunto, el banco se obligaba a devolver todo. Firmaron las partes y se elevó al árbitro para que dictase el correspondiente laudo arbitral obligando al banco a resarcir la cantidad pedida, entregada y perdida. Ahora solo faltaba esperar a recibir lo que era suyo.
Espero que este laudo arbitral sea contagioso y devuelva la esperanza a tantos inocentes que se fiaron de la confianza.
Con esta brisa de aire justo a pesar del olvido de indemnizaciones, de castigos e imputados, del escarnio en la vergüenza pública en las plazas de los pueblos y ciudades. A pesar de esta victoria en una ínfima batalla, la guerra es colosal. Por eso, no olvido mi escepticismo ante la justicia y la política. Espero que no sea un brote verde con tendencia a marchitar, este laudo arbitral sea contagioso y devuelva la esperanza a tantos inocentes que se fiaron de la confianza, a tantos ignorantes que creyeron en la fe de los años.
Con este rayo de sol sobre el rostro de mi futuro les dejo, saboreando la victoria. Esperando que la justicia sea para todos y aventurándome hasta la semana que viene, rogando disfruten de mi ausencia y que el tentáculo de las preferentes o de cualquier elemento futuro no marchite la credulidad de los hombres de buena fe y respetemos el credo de los profesionales con el código deontológico intacto.

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