
Cae otoño chaqueta en mano. Pide mi abrazo y veo muchachas bonitas de serena belleza. Tranquilo gesto en las hojas secas que me reciben, plácidas calles de Madrid.
Se solapa el gesto y sólo, específica el remite de otoño, horas tempranas desveladas de aurora. Sol tempranero, cada vez de más presto anochecer. Temporada de café y letargo. Tertulia y compañía. Las horas van vistiendo a las mujeres como inversamente los árboles se desprenden de sus prendas. Otro rasgo más, de la timidez de las ramas límpidas, en silencio recortado de café colmado.
Las horas caen como borrones de tinta y la soledad es, esperpento de sonido anestesiado. Cruza el pensamiento y la calle Serrano es recorrida. Tanto traje y corbata de ahogadas expresiones. Tanto tacón suelto al rencor de un despido improcedente. Caen los libros de los estantes de la biblioteca del Colegio de Abogados. La solemnidad es fría, de decadentes miradas al solaz de las mesas desnudas. Los libros, se volatilizaron al contacto de las nuevas tecnologías. Ya no queda rastro humano, que otorgue a la justicia el sentimiento más noble. La furia de los tiempos es condenada por las tasas de una avaricia tan ruin como la que se precian en obtener. Demiurgo de orden equivocado, tu desprecio es letanía de pobres. Cuanta grieta, se atisba en el horizonte, entre ricos y pobres; ¿Cuántos juicios sin nacer en las horas contadas de una deuda? ¿Cuántos litigios perecerán al nacer?
Sólo habrá justicia para los iguales, los que la puedan pagar. Para los demás, será una quimera de mal gusto.
En ese juego constante, de concursos de acreedores que velaran por sus bolsillos llenos, de una deuda insolvente sin castigar. La diferencia se hace sustancial y sólo habrá justicia para los iguales, los que la puedan pagar. Para los demás, será una quimera de mal gusto. Una ilusión pasajera y falaz de los demócratas que un día creyeron en la Ley suprema de la Constitución. Artículos cada vez más emborronados al gusto de unos pocos.
Dejo la institución de la que un día fui valedor, para encaminar mis pasos hacía un hotel de gran prestigio social. Cuna del arte del toreo y reclamo de personajes famosos e ilustres, en las cercanas orillas de la calma y el oasis del Retiro en Madrid. Desayuno de trabajo, observo a un expresidente de gobierno. De ojeras dispuestas y canoso pelo conquistado. Con voz limpia de protagonista y sabor de experiencia, domina a sus contertulios con la prestancia del que sabe lo que dice y gusta lo que trata. Inicio de costumbrismo español. De condena corrupta y labios gordos de opulencia. Aparto la mirada como el que no quiere saber.
Las castas políticas cada vez me dan mayor grima. Recorro mi estupidez y al menos me veo tranquilo. Satisfecho de los momentos vividos y de la vida que percibo. Aunque, se pueda mejorar, espero de estas instituciones que del feliz reencuentro laboral de otoño, las cuitas del presente sean frutos primaverales, de viveza real y no sean mentiras consuetudinarias de personajes que me inquietan.
Os dejo, con la inquietud por despejar, en las dudas en forma de hojas de otoño. Mientras, se acumulan en el camión de las basuras, el escepticismo crece en mi barba de político desempeño hastiada, me ausentaré con mis cuitas inoportunas de otoño. Aseguren sus dudas y protejan sus certezas. Al menos, hasta la semana que vienen, disfruten de mi ausencia, en originales escenarios de exigentes barros.
Kerouac97@hotmail.com
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