Ir al contenido principal

Bocetos en el metro. "Ni la obsolescencia programada".



Era tan penetrante el perfil de su halo que ensimismado se escondió entre sueños. Ray Charles cantando entre el vigor de sus manos y la fuerza recibida de la ceguedad de sus ojos. La misma visión que pulsaba en la sien de su futuro. Negro como hollín de pesimista sentir. Ni los besos de la mujer lograron dominar su instinto derrotado. 

Otro sorbo y la conjetura del problema paso nítida sobre su turbia mirada. Cegadoras palabras sobre la música del pequeño Stevie. La realidad era cada vez más absurda y la negación del trabajo una evidencia. No le calmaban los cantos de gospel. Los bramidos del blues le humedecían el lacrimal y el soul hacia girar la derrota en sus venas consumiendo la materia en la voz del alma. Recriminaba la suerte en forma desafortunada y las ruedas del destino perdida en la rosa de los vientos de las grandes fortunas. 

Ray Charles seguía recriminándole sin el control de los años perdidos. Ya no recordaba los acordes y los tragos no tenían el mismo sabor que en los años cincuenta y sesenta. Como decía Ray: genio y soul igual a jazz. Pero el jazz le producía una vaga inseguridad que le hacía volver al trago no ingerido. Ya no tenía la seguridad de sus años jóvenes. En la compañía Atlántic, en la Motown o en la que precisase de sus servicios. 

El trabajo era tan escaso que los auténticos gurús habían desaparecido. Y a los mayores como él nadie los recordaba. Entre los tragos de la desesperación las cuerdas de los instrumentos se disolvieron por el óxido. 

La hierbabuena y la menta de los cockteles era el elixir que bebían las damas blancas de la época,  de buena condición y educación. Traviesas por el capricho de serlo, bailaban el booguie por el placer de llevarse a uno de los negros músicos al catre de la traición y la frivolidad. Muchas nenas de pose felino, blanquecinas muñecas de porcelana le quisieron al contacto de su figura con la escena. El torbellino del swing o el twist era acicate suficiente para que a las niñas caprichosas les subiese la fiebre de su lujuria. 

Así, como decía Ray "Yo creo en mi alma". Supuso que los días de vino y rosa serían como auroras boreales sin fin. Hasta qué poco a poco se fue quedando en la nota última de los perdedores de alma. Ya los tragos no supieron mitigar el dolor de su alma desgarrada. Ni los gritos con los estertores de las notas pudieron volver a revitalizar su vida. A pesar de que él tuvo a una mujer y una musa, las perdió por el tipo del Cadillac. Bailando en la calle desnudo la frustración de la opulencia a pesar de los ojos ciegos de Ray. Sentía el soul fluir por sus venas como las drogas copulaban sus sentidos. 

Las damas de alterne con sus sucios besos le hundieron más. La desesperación era la letra de su canción. Tomo un último trago antes de ir a la casa de empeño. Tenía que decirle al prestamista que las joyas de su madre no podría recuperarlas. Fatalidad de los ritmos perdidos. Como tampoco podía recuperar los tragos victoriosos que las noches le dieron. "No hay tiempo mejor que la noche tan libre". 

Pero nadie jamás podría con Ray. A pesar de la insolencia y la arrogancia de los que dirigían su sociedad. Ni la obsolescencia programada puesta en boga cada vez más en todos los sentidos, no haría cegar nuestros oídos a la música y a la potente voz de Ray Charles. 

JaviJerryLee®2013. 6 de noviembre. 



Comentarios

Entradas populares de este blog

"Postal de felicitación"

"Postal de felicitación"

Azorín hizo una descripción del problema y publicó su receta, bien simple, para remediarlo. “Pues bien, muchas veces he tenido que redactar una noticia y me he visto en grande aprieto. La noticia ha de ser breve, clara y exacta. Dos escollos peligrosos tiene el noticiero. Dos escollos ha de sortear con destreza, como sortea el nauta las sirtes: la anfibología y la batología. Dicho queda en culto. Pero dicho queda de modo técnico y preciso. La anfibología es la confusión y la impropiedad. La batología es la repetición y el escribir prolijo. Como un breve y limpio cristal ha de ser la noticia”.Dejando a un lado la insistencia del autor en la brevedad, está claro que lo exigible es la claridad y la limpieza.

Por eso solo es mi deseo felicitarte el nuevo año que comienza. Descargar lastre negativo. Que la salud te obsequie y acompañe cada día. Dejar compañías que vicien tu alma. Sonreír y vivir cada momento como si fuera el ultimo. Jamás olvidar a los sere…
"La Gran Aventura"
De la vorágine de la gran ciudad a la placentera calma de la vida rural. La turbia mirada del desencanto replanteando la situación. Quiebro a la rutina y vigor al espíritu.
Esa intención me llevó a un nuevo suceso dentro de los compases de mi vida, y no a la quimera de una gran "aventura", como en el cómic del gran Milo Manara del mismo título.

Descubrimos las vicisitudes del protagonista, cansado de su peregrinar constante, que se apuntó a un casting para un concurso en el que la promesa era la consecución de la vivencia de una gran ventura.

Pero, en realidad, esa extraña quimera se encuentra presente siempre en la cotidianidad de nuestros actos, siendo los monstruos fantásticos y demás seres animados minucias para lo que nos encontramos en el día a día.
Hallamos anónimos héroes en su particular partida con la mensualidad de sus actos.

Así, lo he podido constatar en este tiempo sabático, en mí caminar constante. Como un “Labordeta” sin mochila com…

"La noche de Chris Isaak"

Chris Isaak como en las noches de San Francisco y un Whiskey en mano, todavía me hacen conservar cierto encanto y quizás algo del sex-appeal, del que un día guste. Llamemos, ciertamente, el miedo a la palabra feo.  Sea el que nos arrojen entelequias para disfrazar nuestra pose en alguna noche o día acertado por la suerte del albur o la luna cautiva. Como las ideas que sopesan los instantes y, a veces nos ciernen en un por favor inspirado. 
Real como que, en el algún lugar de esta noche estrellada alguien está llorando. No me refiero al adolescente despechado ni al que perdido la valía de su figura materna o paterna en un revés del destino. Simplemente, en las jugadas mal ensayadas de la diatriba diaria. En los impunes que ensucian la carrera laboral del borrego encerrado en un vagón. 
Septiembre llega con el fresco sentimiento de que nada será como antes, una nueva temporada empieza, el hielo se derrite como los sueños que se diluyen. No quisiera maldecir un mañana pero las ruedas del c…