Burning. Pura sangre

"Burning cumple cuarenta. Pura sangre".

De calles afiladas con pinchazos de heroína escaparon los Burning de perecer. Desde La Elipa para el mundo llegaron a galope de rock án rollo callejero. Artífices como Oriol u Ordovas ensalzaron su creatividad. 

De golpe, cuarenta años soplaron sus canas ardiendo en el filo cañero del Madrid setentero. La actitud proclamada a los vientos del Mariscal Romero y su show. Del barrio chuparon la esencia y de Madrid mamaron la genialidad. Tragos de noche a espuertas de los Stones. El foro, escenario de su rollo y madre capital de sus desventuras con la emoción de un gato pendenciero. 

En esa manera de cantar Pepe, Toño o Jhonny marcaron chupas en una calada de profunda resonancia en el alma de sus calles. Discurso aventajado del rock and roll español. Influjo cotidiano de los compases mordiendo la sangre de tu interior. 

Ahora, vuelve el viejo Jhonny con cuarenta años parecidos al ayer. Reclamo de una generación reivindicando las aceras sucias de la realidad. Y no me extraña que, vuelva a un sitio como este donde los juegos prohibidos siguen buscando el peligro de los derrotados de la realidad. Vuelve acompañado de los suyos: Eduardo Pinilla, a la guitarra; Carlos Guardado, al bajo; Kacho Casal, a la batería y Pitu a la guitarra también. 

La fama jugó la baza de la heroína en sus cartas marcadas y en los personajes de la fauna trasnochada de los atracos de la vida. Generación al borde de las tripas corazón de costumbre cañí y garbo chulesco al compás de su ciudad. 

La banda sonora callejera de la barra de un bar con el canalla de buena intención acompasando los acordes de la potencia vital. La fama grosera embarcada de heroína y la insolencia prohibida instalada en los brazos de los héroes de una movida que fue. La pasta y el buen rollo contagió la vida a la velocidad concebida de sus caderas, a más de cien y miles de noches por recorrer. 

Las actitudes cavernarias de los popes melódicos del momento fueron derribadas. Cuarenta años de longevas teclas de piano vuelven a regurgitar rock and roll y declaración de principios en pleno siglo XXI. Pero como siempre, la sociedad quiere arrinconar y olvidar estas maneras de vivir. Y nosotros con los tópicos de Burning llevados a la filosofía cotidiana. 

Como el fin de la década hay siempre materia nueva a la que hincar el diente. Los caminos se partieron y los malos rollos brotaron. Pepe Risi y Jhonny se apartaron con el nombre registrado bajo el brazo. La misión de salvaguarda e instinto futuro. Los ensayos y actuaciones eran menores. Como el dinero marcho y las cosquillas del temor brotaron en compendio de huida, hasta que Miguel inyecto un medley con las canciones del grupo en Rocking Ríos. Ayudando al reenganche del grupo al pulso musical con su Lp noches de rock and roll. Dan las seis sintonizo a los Stones y Belter quiebra con las ilusiones de los músicos. 

Victoria, les acoge y quieren mayor profesionalidad. "Hazme gritar", con un nuevo productor de sonido, Julián Ruiz, ya que anteriormente no habían tenido. "Cuchillo", otro disco que pasó sin pena ni gloria. Aunque cuestiones del destino y carambolas aparte, Frank Zappa llegó a telonearles, aunque de una manera intencionada. 

Con "Regalos para Mama" se atempera el lado salvaje y los medios tiempos brotan con la madurez del grupo. Quizás, perdiendo algo de frescura. Pepe Risi y Jhonny eran dos. Especiales personalidades en la canción de los dos. En el 95 Pepe se estaba yendo por la enfermedad cruel que le asestó, en noches de hospital, sin ser consciente del devenir tan trágico que se avecinaba. Muriendo mismo día y mes del 97 que el componente Toño que se fue en el 91. Tajos que no acabaron con la carrera del grupo. Siendo la cicatriz su música en forma de nuevos discos. Compartiendo dolor y devoción por los caídos del rock. Carcoma en su espíritu que impulsa nuevas canciones de "Pura sangre". Confirmando su espíritu libre y vivo. Quedando a Cifuentes como líder a la voz de sus desventuras. Quedando un poso para la evolución de grupos como Pereza, Loquillo,Rebeldes, Dogo y los mercenarios. Así, el dial de la frecuencia dejó en la retina de los oídos uno de los mejores grupos de rock and roll que nuestra patria parió. Santo y seña de Madrid e himno intergeneracional de un acerbo en la sangre de nuestros cuarenta años de banda. Sentenciado en un modo de vivir, es solo rock and roll. 



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