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"Reforma de los cimientos"

Artículo publicado en el periódico digital La Opinión de Trujillo el día 5 de diciembre de 2013. 



Creo en la Constitución y en Walt Whitman.


Hace poco leí el siguiente texto:"De un tiempo a esta parte la política en España no es más que un vomitivo. La tosquedad y la vileza de las izquierdas- salvo esas insinuaciones para seguir viviendo-y la sordidez de las derechas, cuyos capitalistas creen que lo son del derecho divino, sinonimizando la patria con sus cuentas corrientes (...), hace poco menos que imposible seguir pensando en esa broma pesada que es la política". Quizás piensen que refleja perfectamente la vida política actual pero, en realidad, es un texto de un periodista de los años treinta llamado González Ruano publicado en la revista Blanco y Negro. Lo cual me inquieta ahora que se acerca un aniversario tan democrático como es nuestra Ley Fundamental. 

Estertores de democracia o espejismo irreal. Años de avance cercenados por el miedo de un gobierno o de un sistema. Ahora que se parapetan bajo las leyes, mal llamadas de Seguridad Ciudadana.  Más bien, creo yo, leyes de seguridad de la casta política que quiere perpetuarse en el poder y en su corrupción, cercenando los derechos de los ciudadanos. Con esta declaración, me estoy jugando una multa coercitiva por ejercer mi libertad de expresión. Teniendo, posteriormente, que  recurrir y tener que pagar una nueva tasa para poder seguir jugando al juego de su avaricia tributaria. Así que, ánimo a todo ciudadano de pro y demócratas de convicción a ir el día 14 de diciembre a rodear al Parlamento español con las manos en alto. Con banderas blancas en son de paz, se cercioren de nuestro disgusto trasformado en indignación pacífica. De nuestro reproche al pensamiento político que pretende culpabilizarnos del derroche de los tiempos. Recortando los derechos sociales y creando la marginación, evidenciando la no separación de poderes, sino la fractura de las clases sociales. Colapsando la gestión práctica de las libertades. Coartando al ordenamiento jurídico los derechos y principios fundamentales. 

Es tan viscosa la realidad política que no solo llama la atención los hechos notorios, sino la irónica e hipócrita conducta de los partidos ante la cuestión constitucional. Es tan falaz el discurso del bipartidismo que, llama la atención que los grupos en la oposición propugnan ciertos cambios del articulado de la Carta Magna y cuando la legitimidad de las elecciones democráticas les dan la mayoría absoluta, tan ansiada, en el congreso no tienen las agallas suficientes para llevar a cabo esa reforma. Mientras, el partido que es derrotado y pierde su mayoría, que ha conservado la Constitución sin dudar, es en el nuevo terreno opositor cuando piensa en la reforma constitucional. Ideológicamente es inquietante como se contradicen los partidos y la derrotada siempre es la propia Ley Fundamental. Esa que pide a gritos su reforma para ir adecuandose a los tiempos que corren y no caer en el autoritarismo de partidos. Amortajando y agrietando el derecho, haciéndolo rancio y como un símil con el jamón, lo van alunándolo con la letanía de un mal sabor que va creciendo en el engranaje del Estado. 

Con este paisaje el rechazo  de autoridad es el miedo que tienen por estímulos infundados cuando en realidad,  el ciudadano español esta siendo ejemplar y paciente ante la crisis. No hay sentido para la represión. Es innegable que la cautela es exagerada. El desamparo constitucional rancio y obsoleto. La libertad e igualdad son desproporción y conceptos románticos que no constan en las tasas de la realidad. 

La asociacion  desde la base es vulnerada por una casta endémica con costes democráticos futuros. De esta manera, sirviendo a sus intereses de demagogos, los partidos no quieren una reforma constitucional para no evidenciar su falso discurso. Para seguir aborregando a las masas sin necesidad de pensamiento y crítica. 

Es una triste desgracia la falta de compromiso de los políticos de hoy que no tienden al consenso como en otras épocas de nuestra historia constitucional en favor del territorio y los habitantes que lo comprenden. Espero que sea simplemente una idea maldita y que con el aniversario de nuestra Constitución, los representantes del pueblo recapaciten y piensen en una verdadera reforma consensuada. Mientras tanto, como siempre, disfruten de mi ausencia hasta la semana que viene. 


Fco. Javier Fresneda.




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