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Bocetos en el metro: la lengua de costa de los que emigraron"

Bocetos en el metro: la lengua de costa de los que emigraron. 

La nausea era motivo de repulsa. Los efluvios de su cuerpo delataban el nerviosismo imperante en los músculos de su porte. Ansia de vida que yacía flácido sobre playa extranjera. Vil apariencia la sumisión de su humanidad en constante desprecio habitada por los hombres de Occidente. No era de África su son. Mezclado con pisco, huevo y limón su sello de identidad. Añadiendo jarabe de goma y angostura al deseo de libertad. Mientras,  yacía en tierra extraña. Pelotas de goma en su sien disparadas por mandato irracional. En su memoria la sonrisa de su madre, el abrazo de su esposa. La pena incardinada en sus extremidades. Repleta de lágrimas la derrota de su postración. Las garantías disueltas entre los jirones de ropa y en su barba cachitos de metralla enturbiando su dignidad. 


Los gritos del miedo recorren la vileza de la costa sin nombrar tierra en la voz de los tramposos. Territorio de nadie en lengua de mar instalado la jodida servidumbre de tu podredumbre. Los cielos se abren y las nubes son mortajas que ascienden por la vereda secreta en descuidos de desaparecidos. Claman familias por los egos perdidos la fiereza de las instituciones es barco varado en la lengua desesperada que atrajo la sensualidad de la muerte con el compromiso de las reglas. Azota la marea la conciencia de su rostro y la desesperación es brote de locura mientras los nombres han abandonado suelo firme y libertad por los hombres uniformados. Tierra y libertad en el final de la lengua de la playa, en la des posesión de su orgullo. Aquieta el remordimiento entre la brisa. Aquieta la noche la calma oscura. Los susurros del miedo penetran en los huesos como humedales de muerte y destrucción. 

Manolo atusa su bigote. Exhala el humo de su última calada. Ajusta su tricornio para perderse en la costa de los muertos que emigraron bajo la luz de las candelas carnales que atraen su mirada y poseen su esquizofrenia. 


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