Bocetos en el metro. Losas en mis pies.



Ahora que perduro con el constipado enganchado a mi cuerpo. Que me desplazo con las baldosas atadas a las suelas de mis zapatos, el Mago de Oz se retira de  mi ausencia vigorosa. 

El verbo yace dormido y sin intención de volver. Agazapado en la guarida de mi boca. Fuera, las calles se van vistiendo de frío sin el permiso de las hojas que caen. 

Al alba recogen los pasos cansinos de mi figura enrarecida. El silencio es ruido que necesito para mitigar el fragor de mis sudores. Pulso inconexo que no logra conectar cuerpo y mente. Las horas son motivos para un nuevo amanecer. Pero el cansancio que arrastro y la paliza que me llena imposibilita el tránsito hacia un estado de ánimo más saludable. 

Las grietas cotidianas siguen posibilitando la entrada de los virus. Ni las justas pócimas del hechicero hacen el efecto deseado. Ahora que este, no es un país ni para viejos ni para enfermos. Aunque si para parásitos de alto copete. 

Las puertas del vagón se abren y en una bocanada de realidad me hacen ver: las losas que llevo atadas hacen que llegue tarde a mi puesto de trabajo. 

JaviJerryLee®2013. Día 5 noviembre. 



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