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La red viral

La red viral


Artículo publicado el 29 de octubre de 2014 en el periódico digital La Opinión de Trujillo. 
En un lugar indefinido. Año 2014 de nuestro presente.
Querido amigo:
Te escribo esta misiva debido a mi abotargamiento vital. Es tal la información que se acumula que siento la necesidad de escribir como bien te digo, quizás para espantar mis males, la ansiedad o el agobio como tal. No reconozco ya, si entre tanto amigo virtual asociado al mundo de las redes sociales, me queda al menos uno real o, al menos, sano.
Esta ecuación quiebra mis neuronas. Llevo inmerso en la ofuscación debido a tanto bit en la cotidianidad de mis actos, que no distingo lo cierto de lo incierto. Si hay que decir “me gusta” o “retuitear” o, simplemente, introducir un comentario en el muro o la superstición de un emoticono impresa sobre la pantalla. 
Qué quieres que te cuente, querido amigo, si ya no basta con el que dirán los vecinos y conocidos de carne y hueso, que tengo que solaparme entre los comentarios del Facebook, Twitter, Instagram, Linkedín. Y los que cada vez van saliendo.
No sé si por pudor o por simple cotilleo, me lanzo a la aprobación de cualquier solicitud de amistad. Temo que me estoy volviendo loco, o tal vez paranoico. Ya no sé si las fotos que veo son de personas que fueron amigas, realmente de sentimiento y carne y hueso, o son suplantaciones de caza amigos para figurar como los más guays de la red, por sumar y sumar números, nombres y demás connotaciones implícitas entre tanto grupo. Por no olvidar los chats que proliferan como rama micológica en pleno otoño en el paraíso de los whatssap.
La verdad me encuentro con un dilema a lo Shakespeare, “ser o no ser”, participar en un grupo activamente, ser mero sujeto pasivo o borrarme de alguno ya sin tertulia, agostado y en barbecho informativo. Porque ¡ay de ti si te borras! Podrías perderte algo bueno. O acecharía la reprobación de tu acto como ingrato de turno. Y cuidado con el tono aséptico que da lugar a dudas en estas conversaciones directas, que muchas veces sin coma ni entonación puede dar lugar a equívocos sonados y mal entendidos hirientes.
Es toda una prueba de valentía el pertenecer a estos grupos y no salir trasquilados. O si no, hundido en cien mil mensajes por leer, que por cuestiones de trabajo, o simplemente porque te sale de los cojones, no abres el chat siempre. Porque hay algunos que parece que viven dentro y es tal su “guasadependencia” que contestan al segundo cualquier comentario, incluso, sin haber terminado el interlocutor su frase.
Y qué quieres que te diga, amigo, puede llegar a estresar. Menudo agobio, es como una mancha de aceite que se va extendiendo y no da tiempo a recogerla. ¿A ver, a ver a esta le contesté ya?, ¿Le mandé un “Me gusta”, y (él o ella) por qué no me devuelve mi tweet... Vamos, una locura a golpe de dedo.
Le quitas horas a tu trabajo, a tu familia, a tus hobbies y ves que no es suficiente.
Le quitas horas a tu trabajo, a tu familia, a tus hobbies y ves que no es suficiente, que la red de redes es avariciosa y la información tu condena desmedida. Y ya no sólo la vida duele sino el mundo virtual también.
Es más, el colmo fue el otro día. Fui a comer a un sitio al lado de mi trabajo y había una mesa ocupada por ocho personas que habían realizado lo que se denomina una quedada. Allí estaban todos con sus smartphones enganchados como posesos comentando la jugada en directo de lo que, imagino, estaban haciendo.
Así pues amigo, espero no te desvele mucho mi paranoico suceso, pero, llevo tiempo intentando dar contigo y la verdad ya no sé si eres amigo mío. No has contestado por ninguno de los medios sociales, ni a los 'emilios' ni a los mensajes de texto ni a las llamadas…
Hasta que, por fin, encontré un papel desgastado en el que estaba escrita tu nueva dirección postal. Recordé nuestro último día de tertulia y borrachera. Estabas harto del mundanal ruido. Me dijiste que querías escapar, desconectar.
Me acordé de tí, porque yo también quisiera escapar muchas veces. No olvidar la placidez de lo sencillo y lo auténtico de los valores perdidos.
Sólo quería saber qué tal te va la vida. Si has podido reencontrar la paz perdida. Si la tranquilidad copó las impresiones de tus noticias y has vuelto a ser feliz. Así pues me despido con el deseo impreso en esta carta de que todo te vaya bonito.
Tu amigo que te espera.
Javi Jerry Lee 2014
Espero queridos lectores que esta vorágine de información e indagación de redes en las huellas de sus seguidores, no les hagan perder la cabeza y tengan los pies en el suelo. Sigan conservando las percepciones carnales y no los hologramas siliconados.
Disfruten de mi ausencia hasta la semana que viene. Recuerden las palabras de Dylan Thomas: “El hombre se enamoró del milagro, pero no pudo retenerlo a su lado y el milagro se fue de él”






Espero




 

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